El sueño de educar
"Educar es lo mismo que poner un motor a una barca,hay que medir, pensar, equilibrar y poner todo en marcha...Soñar que ese navío, llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas..."Gabriel Celaya
martes, 23 de febrero de 2016
Contenidos 2ª evaluación
Panorámica de la Filosofía Medieval: el problema de las relaciones entre fe y razón, el problema de los universales y la demostración de la existencia de Dios; relaciones Iglesia y Estado
Desarrollo de la Patrística y San Agustín como máximo representante. Comentario de texto: La ciudad de Dios
Desarrollo de la Escolástica:
- San Anselmo de Canterbury y la primera demostración racional de la existencia de Dios con su argumento ontológico.
- Averroes y la teoría de la doble verdad de sus seguidores de la Universidad de Paris (averroístas latinos)
- Santo Tomás de Aquino, filosofo y doctor de la Iglesia. Comentario de texto. Summa teológica
- Guillermo de Ockham, crisis de la escolástica. Comentario de texto.
Panorámica de la Filosofía Moderna: Renacimiento, Revolución científica y Racionalismo
Maquiavelo. Comentario de texto
Galileo. Comentario de texto. Carta a Cristina Lorena
Racionalismo
Descartes. Comentario de texto. El discurso del método
Locke. Comentario de texto. Carta a la Tolerancia.
sábado, 20 de febrero de 2016
Historia de la filosofía para cavernícolas: Dios, lógicamente, existe.
Espero que os guste
Historia de la filosofía para cavernícolas: Dios, lógicamente, existe.: La otra noche realizamos un experimento psicofónico en la caverna, en la parte que está bajo las ruinas de la biblioteca de Alejandría...
Características de la Filosofía moderna
- Autonomía absoluta de la filosofía y la razón, que ahora actúan con total independencia de cualquier instancia exterior y ajena a ellas mismas, sea la tradición, la autoridad o la fe religiosa.
- Se busca una fundamentación distinta, estrictamente racional, no trascendente o fundamentalmente religiosa, que sirva de base a la nueva concepción del mundo que se venía gestando desde el Renacimiento. Se hace por ello preciso un estudio del conocimiento humano.
- El problema del conocimiento (cuál es la vía o el método que nos permite obtener conocimientos ciertos y seguros, cuál es su naturaleza y alcance según se desprende del análisis de nuestras facultades cognoscitivas) se convierte en la preocupación central de la filosofía previa a todo análisis de la realidad. (La diferencia entre racionalismo y empirismo residirá en cómo enfocan e intentan resolver el problema del conocimiento)
- Toman como modelo de conocimiento el de la ciencia moderna que se caracteriza por su método matemático y experimental.
- Adoptan una postura crítica frente al pensamiento escolástico que todavía domina en las escuelas y universidades europeas.
jueves, 11 de febrero de 2016
martes, 9 de febrero de 2016
El Renacimiento y la Revolución científica
El Renacimiento se
extiende desde mediados del s. XV hasta los inicios del s. XVII.
Durante estos siglos tienen lugar un conjunto de
cambios políticos, culturales y filosóficos, que no se producen en una fecha
concreta sino debido a un dilatado proceso que hunde sus raíces en la Edad
Media, que dará lugar al nacimiento de la Edad Moderna.
A nivel político, la idea medieval del Imperio
cristiano dará paso al Estado moderno gracias a la afirmación
de las monarquías nacionales frente a las pretensiones unitarias del Emperador y comenzará a
entenderse que el poder está ligado a la nación que se gobierna y no como
derivado del poder de Dios a través del papa.
A nivel religioso es un periodo en el
que se acentúa la decadencia del poder
pontificio, ya que su
poder espiritual está siendo cuestionado por movimientos reformistas. Se
produce la fragmentación de la unidad religiosa europea con la aparición de
iglesias cristianas no sometidas al poder de Roma, es decir, no católicas como
la Iglesia protestante. La Iglesia en el s. XVI está fragmentada en católicos,
ortodoxos y protestantes.
Por otro lado, la caída de Constantinopla
(1453) provocó
la llegada a Occidente de los textos de los grandes filósofos, astrónomos y matemáticos griegos,
gracias a la diáspora de los intelectuales bizantinos. A pesar de que en Europa
ya se conocían a través de comentarios y deficientes traducciones. Este nuevo
contacto con las obras grecorromanas provocará el desprecio por la Edad Media, a la que consideran una época de
oscuridad y barbarie que hay que destruir volviendo la vista al pensamiento
clásico. Al mismo tiempo
que los descubrimientos geográficos (1492) favorecerán una nueva cosmovisión.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, se produce el surgimiento
del Humanismo renacentista, la concepción
teocéntrica del mundo es
sustituida por la concepción antropocéntrica: el ser humano se halla
en el centro de las preocupaciones filosóficas y culturales de la época, ser
humano que, por encima de su destino sobrenatural, es dueño de sus acciones. Estas ideas tendrán gran difusión gracias a la
invención de la imprenta.
El Renacimiento italiano entenderá que el hombre
dotado de fuerza de voluntad, puede dominar su destino. Para ello debe tener
virtud (suma entre sagacidad y prudencia) y conocimientos. Se ensalza así la
autonomía del hombre, su razón como atributo específico que le da independencia
frente a las autoridades externas, sobre todo de la Iglesia.
En resumen, el pensamiento renacentista se ve
enmarcado por la crisis y la crítica del sistema escolástico y el intento
de recuperar el pensamiento antiguo (Renacimiento humanista). Además ofrecerá nuevos planteamientos
en el terreno de la política, la religión y la ciencia:
En el terreno de la política sobresale Maquiavelo
(1469-1527) quién con su obra "El Príncipe" funda el pensamiento
político moderno al describir la conducta efectiva de los reyes y príncipes
renacentistas, mostrando como hay gobernantes que no tienen escrúpulos y usan
cualquier medio para garantizar la finalidad que les conviene. El interés por
la organización y el funcionamiento de la sociedad hace resurgir la literatura
utópica, es decir, las descripciones de sociedades imaginarias más o menos
felices y sin discriminaciones. Destacan aquí Tomas Moro (1478- 1535)
que escribió su "Utopía", Tomasso
Campanella (1512-1569) que escribió
"La ciudad del sol" y Francis Bacon (1561- 1626) con su
obra "La nueva Atlántida".
En el terreno religioso el hecho fundamental es
La Iglesia Católica también realizó su propia
revisión formulada en el Concilio de Trento (1545-1563); es un movimiento
denominado Contrarreforma católica
con la que se reivindicaban y fijaban las cuestiones doctrinales e
institucionales de la Iglesia.
En el terreno de la ciencia se produce la revolución
científica que suponía el abandono del paradigma
aristotélico y la concepción medieval. Se utilizará el método
hipotético-deductivo que favorecerá la separación definitiva entre filosofía y
ciencia que culminará en el s. XVIII con Newton.
LA
REVOLUCIÓN CIENTÍFICA.
La cosmografía imperante
en hasta el s. XV era la visión aristótelico-Ptolemaica, es decir, una visión
geocéntrica en la que la Tierra permanecía inmóvil en un lugar situado en el
centro del universo. Alrededor de la Tierra, giraban los demás cuerpos
celestes, en el siguiente orden Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno.
El final del universo está constituido por la esfera de las estrellas fijas, es
decir, una esfera en la que están como clavadas e inmóviles unas respeto de las
otras todas las estrellas. Existía una clara dicotomía entre el mundo sublunar
(comprendido entre la Tierra y la Luna) de lo mutable, corruptible, cambiante y
el mundo supralunar (entre la Luna y la esfera de estrellas fijas) mundo de lo
perfecto, inmutable, eterno.
Respecto al movimiento de
los astros la visión Ptolemáica asumía la teoría de Aristóteles que sostenía
que los astros sólo podían describir movimientos circulares y uniformes. Esta
teoría perduró trece siglos.
La
revolución científica y la ciencia moderna
En el s. XV aparece la
nueva concepción del Universo que perdura hasta el siglo XVIII, y que supone:
-
La desaparición definitiva de la
interpretación aristotélica que diferenciaba entre el mundo sublunar
(regido por leyes físico-naturales) y el mundo supralunar (simple y perfecto).
-
La sustitución de la idea de cosmos
por la de universo, y del geocentrismo por el heliocentrismo.
-
Se ponen las bases firmes para el
desarrollo posterior de lo que llamamos la Ciencia moderna que culminará
en el s. XVIII con Isaac Newton.
Se parte de dos
principios básicos:
a) El Universo es un
conjunto mecánico sometido a leyes (mecanicismo).
b) El instrumento válido
para el conocimiento del Universo son las matemáticas.
NICOLÁS COPÉRNICO (1473-1543).
Copérnico
nació en Polonia en 1473 y falleció setenta años después. Sustituye
el sistema de aristotélico-ptolemaico (geocentrismo), por un sistema heliocéntrico.
Más teórico que práctico, aplica las matemáticas a la astronomía. Utiliza el
principio de economía de Ockham como criterio básico para su concepción
astronómica. La explicación del movimiento de los astros basada en la posición
central de la Tierra era muy complicada. Al final de su vida publicó la obra “De Revolutionibus orbium coelestium”
(Las trayectorias de las órbitas celestes). En ella expone su teoría
heliocéntrica: los movimientos de los planetas en el cielo, aunque se pueden
explicar con el sistema de Ptolomeo, se calculan más fácilmente suponiendo que
el Sol está en el centro y la Tierra y los planetas giran a su alrededor en
órbitas circulares. Junto a la admisión del movimiento de translación incluyo
el movimiento de rotación
La
llamada revolución copernicana fue origen de fuertes polémicas ya que en
aquellos momentos no había pruebas definitivas para su teoría, se oponía a las
ideas aristotélicas y a los textos sagrados y suponía la ruptura con la
tradición que afirmaba que la Tierra era el centro del Universo. Sus obras fueron incluidas en el Índice de
libros prohibidos en 1616
JOHANNES KEPLER (1571-1630).
Kepler, un siglo después,
admitiendo los planteamientos de Copérnico, gracias a sus estudios sobre Marte estableció
las leyes que rigen el movimiento de los planetas. Kepler contemporáneo de
Galileo utilizó el telescopio inventado por éste para sus observaciones de los
planetas.
Enuncia sus dos primeras
leyes en su obra "Astronomía nova", y la tercera, diez años después
en "Harmonices mundi".
Las leyes de Kepler:
- la primera ley o ley de
las órbitas establecía que los planetas recorren órbitas elípticas, estando
situado el Sol en uno de sus focos. Con esta ley Kepler echaba por tierra el
sistema aristotélico-ptolemaico: el carácter circular de las órbitas, la necesidad
de epiciclos, deferentes y excéntricas; pero además establecía algo fundamental
en Astronomía, que la elipse es el movimiento imperante en el mundo de los
cuerpos celestes lo que suponía la caída de la circularidad como movimiento
perfecto
- con la segunda ley, o
ley de áreas, explicaba la diferencia de velocidades observable en el
movimiento de traslación de los planetas, dicho de otro modo, cuánto más cerca
está un planeta del Sol, gira a su alrededor a mayor velocidad.
- la tercera ley o ley de
períodos suponía descubrir la relación armónica existente entre los planetas y
que hay una ley que rige todo el orden celeste, que existe un Sistema solar, es
decir, descubría la armonía del universo, al enlazar todos los planetas en un
mismo sistema.
Kepler establece la
imagen del mundo de la modernidad: un mecanismo de relojería, regido por leyes
inmutables y extrínsecas a los cuerpos.
GALILEO
GALILEI (1564-1642).
Galileo Galilei, nació en 1564 en Pisa y murió
en 1642; estudió medicina en Pádua y allí se le manifestó un creciente interés
por la observación directa de los fenómenos. A los 19 años descubrió la
isocronía de las oscilaciones del péndulo; más tarde construyó un telescopio,
con el que descubrió las manchas lunares y los satélites de Júpiter. Enseñó
matemáticas en las universidades de Pisa y Padua y posteriormente fue nombrado
por el duque de Toscana primer matemático y filósofo.
Culmina el proceso
renacentista de la ciencia Moderna. La gran labor de Galileo es la aplicación
de las matemáticas a los datos obtenidos por medio de la observación: método de
investigación que Galileo llama resolutivo-compositivo, y que nosotros
conocemos más bien como hipotético-deductivo.
El abandono de las tesis
aristotélicas y la defensa del copernicanismo enfrentaron a Galileo con la
Iglesia y motivaron su condena en 1632. Esta situación creó un ambiente que se
mantuvo hasta bien entrado el s. XVIII, haciendo que las conclusiones que se
iban obteniendo a través de la investigación científica, fueran presentadas
muchas veces como meras hipótesis, o que los autores guardaran en el cajón
aquellos manuscritos que pudieran ser problemáticos (caso de Descartes).
Durante los 18 años que Galileo permanece en
Padua desarrolla dos investigaciones decisivas para la física moderna:
·
pone
la base de los estudios sobre mecánica
·
inventa
el telescopio y desarrolla
exhaustivas investigaciones que le permiten apoyar la hipótesis copernicana con
detalles experimentales que le permiten refutar las seguridades tradicionales
de los partidarios de la cosmología aristotélica
La eficacia del método de Galileo se ve claramente
en la mecánica. La mecánica es la parte de la física que se ocupa del
movimiento de los cuerpos, así como de sus causas y efectos.
Galileo determina las ecuaciones de los
movimientos, se ocupó de ofrecer una ecuación para cada tipo de movimiento,
de manera que pudiera ser expresado en términos matemáticos. Así el movimiento uniforme es aquel en el que
el móvil recorre espacios iguales en intervalos de tiempo iguales.
Asimismo, estudió el movimiento de caída libre
de los cuerpos, lo cual constituye uno de sus más grandes logros.
Otro de los importantes logros de Galileo fue la
representación, aunque implícitamente, de la ley de inercia.
Evidentemente Galileo dejó sin resolver algunas dificultades que serían
resueltas posteriormente por Newton.
1)
Estudios
sobre la filosofía de la ciencia
La postura de Galileo frente a la ciencia vigente en
sus tiempos es bien clara y concisa: dejar libre el camino de la investigación
de toda literatura libresca, de todo ese mundo aristotélico. Propugna la
observación detallada y la experimentación frente a la abstracción formal,
metafísica, vacía de contenidos.
Galileo va a enfocar la ciencia de un modo
totalmente nuevo, ya que no busca la cualidad, ni la esencia del objeto o
fenómeno, sino las proporciones numéricas y matemáticas que pudieran
existir. Así, Galileo nos indica que la naturaleza es un libro en el que hay
que leer y este libro está escrito en lenguaje
matemático.
Ante esta concepción revolucionaria de la ciencia,
el tradicional método de abstracción formal metafísica pasa a ser inservible, y
entonces Galileo propugna su nuevo método, el
método experimental, que es el usado actualmente por la ciencia y que
comprende dos etapas:
I.
La
primera, o resolutio, consiste en reducir intuitivamente un fenómeno observado
a sus propiedades esenciales(movimiento, tiempo, etc) a partir de las cuales se
podrá establecer una hipótesis
II.
En
segundo lugar, la compositio, se establecen una serie de experimentos sencillos que permiten comprobar las consecuencias
teóricas, postulados o teoremas. Se trata de deducciones que han de ser
demostradas.
·
El
ensayador. Constituye
la respuesta a ciertas explicaciones ofrecidas para intentar explicar la
aparición de unos cometas en 1618.
·
Diálogo
sobre los Sistemas del Universo. En esta obra Galileo enfrenta la concepción
escolástica y la copernicana. Está escrita en forma de diálogo en el que se
enfrentan tres personajes:
Simplicio que representa el aristotelismo
inmovilista
Sagredo que es el personaje que introduce los
elementos irónicos en la obra
Salviati que es el científico puro que deja sentadas
las bases para que el lector pueda formular sus juicios
·
Carta
a Cristina de Lorena
. En esta obra se expone el tema de las relaciones entre ciencia y religión, y
Galileo defiende la tesis de la imposibilidad de cualquier tipo de conflicto
entre la verdadera ciencia y la correcta interpretación de la Biblia. El texto
busca evitar la condena, por parte de la Iglesia Católica, del sistema
copernicano, dado que esta condena pondría en peligro la libre investigación
científica. Es un auténtico manifiesto en defensa de la autonomía de la ciencia
que no podía estar condicionada por instancias que le eran ajenas. En
definitiva, el autor trata de delimitar la frontera que separa el saber
científico de la fe religiosa.
1. Consecuencias de las
tesis de Galileo
Galileo no fue precisamente un hombre apartado del
mundo, encerrado a solas con su propio pensamiento; al contrario, su vida fue
la de un luchador intelectual, que intentó desechar prejuicios milenarios, lo
que le llevó de forma inevitable a chocar con las instituciones, celosas
defensoras de una tradición estereotipada y encerrada en sí misma. Fue
fustigador implacable de esa pereza mental que se refugiaba en el saber
dogmático de la tradición escolástica y no dudó en utilizar la ironía y el
sarcasmo contra aquellos que él denominaba «filósofos tiberios», que,
encerrados en su mundo de papel, recurrían exclusivamente al principio de
autoridad y despreciaban o huían de las investigaciones directas en el «gran
libro de la naturaleza".
Las teorías de Galileo chocaron con las creencias
más firmes de sus contemporáneos, poniendo en entredicho toda una concepción
del mundo, sobre la que se había levantado una buena parte del edificio del
saber. Pero si ese edificio se desmoronaba, con él podían hundirse y quedar
sepultadas por los escombros otras muchas cosas y creencias.
Ciertamente, los logros galileanos supusieron una
auténtica revolución, que destruía los cimientos mismos de la cosmovisión
aristotélica, imperante en la cultura de la época. No es nada sorprendente que
una visión tan perturbadora y de imprevisibles consecuencias encontrara
importantes resistencias en todos los ámbitos de la sociedad de la época.
Aristóteles, todavía en la época de Galileo, era
considerado como guía a seguir por todas aquellos que se dedicaban a la
investigación de la naturaleza. Pocos habían osado apartarse del camino llano y
seguro de la filosofía peripatética. Pues bien, Galileo lo hizo. Provisto de su
telescopio, y apoyándose en reveladoras experiencias y en precisos
razonamientos matemáticos expondrá la nueva estructura del universo, que
derruía la vieja concepción del mismo. Los peripatéticos de la época se
lanzaron a la batalla convencidos de que a ellos les bastaba con Aristóteles.
Galileo, que tenía una concepción de la ciencia radicalmente distinta, les hará
la más dura de las acusaciones, la de no ser verdaderos hombres de ciencia, ya
que se contentaban simplemente con un «ir tirando», sin atreverse a dar un paso
fuera del recinto de Aristóteles, en tanto que la verdadera ciencia debe
necesariamente avanzar.
El antiguo sistema se había hecho estático y, por
tanto, dogmático y estéril. La esterilidad, pensaba Galileo, no puede tener
cabida en la ciencia. Por eso es esencial a todo científico tener el espíritu
abierto, y poseer la suficiente curiosidad para reconocer que son infinitas las
cosas de la naturaleza que aún permanecen desconocidas para el entendimiento
humano.
Esta actitud exige limpiar la mente de todo tipo de
prejuicios que tratan de acomodar el mundo al gusto de cada cual y atenerse a
la experiencia. Así ante la objeción que le hacían algunos aristotélicos de su
época de que la Luna «no podía» poseer naturaleza montañosa porque ello la
privaría de la forma esférica correspondiente como forma absolutamente perfecta
a los cuerpos celestes, Galileo les responde que en ciencia cuenta la
experiencia, no los prejuicios, y que es inútil ir imaginando las cosas tal como
quisiéramos que fuesen. Las cosas son como son, sin que nosotros podamos
ponerlas o quitarlas a nuestro antojo. El preferir las propias opiniones al
margen de la realidad es justamente la actitud opuesta a la que debe mantener
el científico y es precisamente la acusación que Galileo dirige a los
peripatéticos
Sin embargo, en descargo de todos aquellos que se
opusieron a Galileo, conviene decir que no era objetivamente fácil un cambio
radical de la visión clásica del mundo. Hubo, sí, dogmatismo en unos y
prejuicios de todo tipo en otros, pero también dificultades objetivas que
impedían una aceptación fácil y sencilla de las «novedades» del filósofo
florentino. En este sentido la presentación del «caso Galileo» como una
confrontación entre la ciencia empírica y el dogmatismo ciego no recoge
exactamente toda la complejidad del problema, no tiene en cuenta todos los
factores en juego. Hoy lo expuesto por Galileo nos parece evidente y fácil de
aceptar, pero en su época las cosas no eran en absoluto tan claras y obvias. El
propio Galileo era plenamente consciente de ello, al mostrar su admiración por
aquellos que, en contra del testimonio de los sentidos, habían adoptado el
sistema heliocéntrico.
Efectivamente, la postura de Galileo significó un
auténtico cambio de rumbo en la historia de la ciencia, que no podía ser
fácilmente asimilable. La revolución científica del siglo XVII, protagonizada
en gran medida por Galileo, supuso una profunda transformación intelectual.
Precisamente al trastocar los hábitos de pensamiento de su época y al crear en
su lugar nuevos hábitos de razonamiento que alejasen a los hombres de la fe
ciega en la autoridad y en la tradición, para que pensasen por sí mismos, apoyándose
en la experiencia y en las demostraciones necesarias, tuvo que enfrentarse a
obstáculos de todo tipo, que habrían de conducirle finalmente a su
procesamiento y posterior condena.
2.
El enfado de filósofos y teólogos escolásticos. Defensa de la autonomía de la
ciencia
¿Por qué se produjo la condena de Galileo? El choque
final con la autoridad eclesiástica condujo al científico italiano a su
procesamiento y condena. Sin embargo, el origen de ese desenlace desgraciado
estuvo en el conflicto y ruptura total con la filosofía aristotélica, pero
debido a la estrecha alianza existente en la época entre aristotelismo y
cristianismo, el inicial conflicto con los filósofos escolásticos derivó hacia
un conflicto con los teólogos.
Pero evidentemente se trataba de dos conflictos
perfectamente diferenciados. El primero en comprenderlo y en exponerlo fue el
propio Galileo, cuando en carta a Cristiana de Lorena afirmaba que estaban
equivocados y cometían un gravísimo error aquellos filósofos que buscaban el
apoyo de la autoridad bíblica en apoyo de sus tesis. Y se equivocaban
doblemente:
-
su
proceder no era científico al no apoyarse en argumentaciones ni demostraciones
estrictamente astronómicas.
-
abusaban
de la autoridad de las Sagradas Escrituras al pretender que, en las discusiones
científicas, podía argumentarse a partir del texto bíblico.
Los conflictos con los filósofos aristotélicos
comenzaron muy pronto y habían de prolongarse a lo largo de toda su vida.
Sabemos que ya en el año 1597 Galileo profesaba en privado, como relata en
carta a Kepler, el copernicanismo, pero no se atrevió por entonces a hacer
pública su postura. Es probable que el miedo de Galileo se debiese al temor de
poner en peligro su aceptable situación universitaria, ya que en aquella época
se encontraba en la Universidad de Padua, donde gozaba de una considerable libertad
de movimiento; pero además existía otra importante razón, y era que carecía por
entonces de argumentos sólidos en favor del sistema copernicano.
Los primeros descubrimientos los dio a conocer en su
Sidereus Nuncius que apareció el 12 de marzo de 1610 y que iba a suponerle
entusiastas adhesiones y violentísimos ataques.
Cuando Kepler consiguió ver los satélites de Júpiter
con un telescopio que el mismo Galileo había enviado al Elector de Colonia,
exclamó con las últimas palabras pronunciadas por juliano el Apóstata:
«Venciste Galileo».
Pero los ataques comenzaron también de inmediato,
produciendo estupor y asombro en Galileo que no acertaba a comprender cómo una
obra, que mostraba tan nuevos y maravillosos descubrimientos del cielo, pudiera
atraer sobre sí tanta violencia y animosidad. Está fuera de toda duda que entre
los aristotélicos de la época de Galileo abundaban los de una mentalidad
dogmática.
Galileo buscaba convencer de la verdad de sus
descubrimientos, pero poco podía hacer con aquellos que, sin tomarse siquiera
la molestia de mirar a través del telescopio, negaron su validez por la
sencilla razón de que las cosas que se veían contradecían las opiniones de
Aristóteles. La verdad, opinaba el científico italiano, es la única guía que
debe seguir el científico y, en consecuencia, el recurso al principio de
autoridad como método de investigación carece de sentido. Pensar que para
filosofar sea necesario apoyarse en la opinión de cualquier célebre autor, sólo
puede lograr que nuestro entendimiento se convierta en siervo del entendimiento
de otro hombre. Si una ciencia busca la verdad, debe conformarse con las
condiciones impuestas por la naturaleza. Ante esta forma de ver las cosas, para
nada servían los argumentos de autoridad.
Lo que realmente separaba a Galileo de sus
adversarios peripatéticos no eran tanto los descubrimientos particulares y
concretos, sino una nueva actitud ante la naturaleza, que se manifestaba en su
concepción del método y de la demostración científica. La ciencia, para
Galileo, no puede hacer sino avanzar y lo verdaderamente importante es el
progreso de la misma y no el mantener la doctrina de algunos filósofos, lo que
exige olvidarse de ese «falso respeto» que pone a los filósofos por encima de
lo que dicen y fuera del alcance de la crítica. Aferrarse a toda costa a
cualquier precepto de Aristóteles como si el apartarse de alguno constituyese
un sacrilegio, además de ser una actitud impropia de un investigador
científico, no hace más que degradar la imagen de Aristóteles, que no pudo ser
como sus discípulos le imaginan.
Pero si abandonamos el sistema establecido, se
preguntaban los aristotélicos, ¿qué guía tendremos? A lo que Galileo responderá
que la única guía posible sólo puede venirnos de nuestros sentidos y de nuestra
razón. El comprender, aunque sea un proceso lento y limitado, es el mayor don
que la naturaleza ha hecho a los hombres. La naturaleza está delante de
nosotros como un libro abierto, en cuya lectura obtendremos gran utilidad y
gozo.
Sin embargo el enfado de los teólogos era mucho más
peligroso que el de los filósofos, porque la acusación que le hicieron a
Galileo a causa de su copernicanismo fue la de dañar gravemente a la fe al
hacer falsas a las Sagradas Escrituras, dado que algunos pasajes bíblicos
tomados literalmente se oponían a la teoría heliocéntrica. La acusación era
gravísima y Galileo así lo entendió inmediatamente, viéndose obligado a hacer
un alto en el camino en sus investigaciones científicas, para delimitar
claramente las fronteras entre la ciencia y la fe, para salvar de esa forma la
autonomía de la ciencia.
La batalla de fondo entre Galileo y los teólogos no
se desarrollaba en tomo a la verdad o falsedad del sistema copernicano o
ptolemaico, sino que versaba en torno a la fundamental cuestión de determinar
quién podía legítimamente decidir acerca de la verdad, en lo referente a los
asuntos de la naturaleza, si los científicos, a base de una rigurosa lectura
del libro de la naturaleza, o los teólogos, a base de la interpretación de la
Biblia.
Se trataba en definitiva de salvaguardar la libertad
científica, defendiendo la existencia de un terreno propio y exclusivo, al
margen de cualquier tipo de extrañas interferencias metafísicas o teológicas,
para la libre discusión científica. El problema se planteaba por la existencia
de determinados pasajes bíblicos que contradecían aparentemente las principales
proposiciones del sistema copernicano.
¿A quién había que hacer caso? Y puesto que nadie
ponía en duda la verdad del libro sagrado, ¿cómo debían de ser interpretados
esos textos bíblicos? Si se hacía literalmente, entonces la condena del
copernicanismo, en el caso de que éste se tomase como un sistema verdadero del
universo, parecía inevitable; en caso contrario el conflicto se evitaba, pero
parecía obligado proceder a una nueva interpretación de las Escrituras y el
problema era delicado, pues por entonces los problemas de interpretación de la
Biblia eran de suma importancia en el conflicto con los protestantes.
La discusión tuvo lugar entre los años 1612-1616 y
la postura de Galileo fue muy clara y, sin duda alguna, atrevida para la época.
Consistió en reivindicar para la ciencia el derecho a decidir en cuestiones
físico - naturales, y en considerar como privado de todo fundamento el derecho
que se atribuían los teólogos a poder determinar, negativamente al menos, la
verdad desde la Biblia. La ciencia era para él un saber autónomo que no podía
depender de los dictados de la teología. Lo mejor para todos era no mezclar en
asuntos científicos al texto bíblico. En definitiva lo que tenían que hacer los
teólogos era dejar en paz a los científicos. No opinaban así la mayoría de
éstos que veían que el trono en que se sentaba «la reina de todas las ciencias»
quedaba amenazado. Para defender la posibilidad de una discusión científica y
sin trabas, Galileo se vio obligado a entrar en una discusión que él nunca
deseó.
Finalmente, tras un oscuro proceso inquisitorial, el
patricio Galileo, al cabo de su vida, pronuncia una abjuración pública y con
ello, y a su pesar, renuncia a difundir la idea en que había empeñado tantos
esfuerzos. Galileo abjura de propagar la teoría copernicana y es condenado a la
reclusión y el silencio.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Textos Maquiavelo
Un saludo
Hipatía de la Alejandría: sistema geocéntrico ptolemáico
El cine es una interesante herramienta educativa. En el film "Agora" (2009) podemos visualizar varias de las teorías astronómicas vigentes antes de la aparición de la ciencia moderna. Gracias a estas escenas podemos entender mejor las reflexiones que llevaron a la Filosofía a la búsqueda de respuestas racionales antes las grandes cuestiones que el hombre se planteaba.
Además podremos distinguir las diferentes propuestas de explicación del universo, y la resolución de algunos de los problemas que tales teorías entrañaban.
Hipatia de Alejandría, es la protagonista del cuestionamiento y reflexión sobre el universo. Hipatia la filósofa explica a sus discípulos el sistema geocéntrico propuesto por Aristóteles de Estagira. Davo el esclavo y su maestra Hipatia explican a los discípulos de ésta las aportaciones de Ptolomeo al modelo geocentrista de Aristóteles.
Escena en el que se explica el modelo heliocéntrico propuesto por primera vez por Aristarco de Samos.
La filósofa Hipatia descubre que el movimiento de la Tierra alrededor del Sol es elíptico, y no circular.
Por último, Hipatia prueba que, cuando un objeto se deja caer desde un lugar en movimiento, se comporta como si ese lugar estuviera en reposo.
No poseo los derechos sobre éste material. Limitado a un uso didáctico.