El sueño de educar

"Educar es lo mismo que poner un motor a una barca,hay que medir, pensar, equilibrar y poner todo en marcha...Soñar que ese navío, llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas..."Gabriel Celaya

martes, 9 de febrero de 2016

El Renacimiento y la Revolución científica

EL RENACIMIENTO

El Renacimiento se extiende desde mediados del s. XV hasta los inicios del s. XVII.

Durante estos siglos tienen lugar un conjunto de cambios políticos, culturales y filosóficos, que no se producen en una fecha concreta sino debido a un dilatado proceso que hunde sus raíces en la Edad Media, que dará lugar al nacimiento de la Edad Moderna.

A nivel político, la idea medieval del Imperio cristiano dará paso al Estado moderno gracias a la afirmación de las monarquías nacionales frente a las pretensiones unitarias del Emperador y comenzará a entenderse que el poder está ligado a la nación que se gobierna y no como derivado del poder de Dios a través del papa.

A nivel religioso es un periodo en el que se acentúa la decadencia del poder pontificio, ya que su poder espiritual está siendo cuestionado por movimientos reformistas. Se produce la fragmentación de la unidad religiosa europea con la aparición de iglesias cristianas no sometidas al poder de Roma, es decir, no católicas como la Iglesia protestante. La Iglesia en el s. XVI está fragmentada en católicos, ortodoxos y protestantes.

Por otro lado, la caída de Constantinopla  (1453)  provocó la llegada a Occidente de los textos de los grandes filósofos, astrónomos y matemáticos griegos, gracias a la diáspora de los intelectuales bizantinos. A pesar de que en Europa ya se conocían a través de comentarios y deficientes traducciones. Este nuevo contacto con las obras grecorromanas provocará el desprecio por la Edad Media, a la que consideran una época de oscuridad y barbarie que hay que destruir volviendo la vista al pensamiento clásico. Al mismo tiempo que los descubrimientos geográficos (1492) favorecerán una nueva cosmovisión.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, se produce el surgimiento del Humanismo renacentista, la concepción teocéntrica del mundo es sustituida por la concepción antropocéntrica: el ser humano se halla en el centro de las preocupaciones filosóficas y culturales de la época, ser humano que, por encima de su destino sobrenatural, es dueño de sus acciones. Estas ideas tendrán gran difusión gracias a la invención de la imprenta.

El Renacimiento italiano entenderá que el hombre dotado de fuerza de voluntad, puede dominar su destino. Para ello debe tener virtud (suma entre sagacidad y prudencia) y conocimientos. Se ensalza así la autonomía del hombre, su razón como atributo específico que le da independencia frente a las autoridades externas, sobre todo de la Iglesia.

En resumen, el pensamiento renacentista se ve enmarcado por la crisis y la crítica del sistema escolástico y el intento de recuperar el pensamiento antiguo (Renacimiento humanista). Además ofrecerá nuevos planteamientos en el terreno de la política, la religión y la ciencia:

En el terreno de la política sobresale Maquiavelo (1469-1527) quién con su obra "El Príncipe" funda el pensamiento político moderno al describir la conducta efectiva de los reyes y príncipes renacentistas, mostrando como hay gobernantes que no tienen escrúpulos y usan cualquier medio para garantizar la finalidad que les conviene. El interés por la organización y el funcionamiento de la sociedad hace resurgir la literatura utópica, es decir, las descripciones de sociedades imaginarias más o menos felices y sin discriminaciones. Destacan aquí Tomas Moro (1478- 1535) que escribió su "Utopía", Tomasso Campanella (1512-1569) que escribió  "La ciudad del sol" y Francis Bacon (1561- 1626) con su obra "La nueva Atlántida".

En el terreno religioso el hecho fundamental es la Reforma protestante encabezada por Lutero (1483-1546) y Calvino (1509-1564). Este hecho acentúa la fragmentación de la unidad religiosa europea apareciendo diversas confesiones cristianas enfrentadas. Ante a la jerarquización y unidad eclesiástica de épocas anteriores se plantea la necesidad de retornar a los orígenes del cristianismo. Se protesta contra el Papa y la riqueza de la Iglesia. Se defiende una lectura de la Biblia personal y no dogmática, así como la idea de la predestinación.

La Iglesia Católica también realizó su propia revisión formulada en el Concilio de Trento (1545-1563); es un movimiento denominado Contrarreforma católica con la que se reivindicaban y fijaban las cuestiones doctrinales e institucionales de la Iglesia.

En el terreno de la ciencia se produce la revolución científica que suponía el abandono del paradigma aristotélico y la concepción medieval. Se utilizará el método hipotético-deductivo que favorecerá la separación definitiva entre filosofía y ciencia que culminará en el s. XVIII con Newton.

LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA.

La cosmografía imperante en hasta el s. XV era la visión aristótelico-Ptolemaica, es decir, una visión geocéntrica en la que la Tierra permanecía inmóvil en un lugar situado en el centro del universo. Alrededor de la Tierra, giraban los demás cuerpos celestes, en el siguiente orden Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno. El final del universo está constituido por la esfera de las estrellas fijas, es decir, una esfera en la que están como clavadas e inmóviles unas respeto de las otras todas las estrellas. Existía una clara dicotomía entre el mundo sublunar (comprendido entre la Tierra y la Luna) de lo mutable, corruptible, cambiante y el mundo supralunar (entre la Luna y la esfera de estrellas fijas) mundo de lo perfecto, inmutable, eterno.

Respecto al movimiento de los astros la visión Ptolemáica asumía la teoría de Aristóteles que sostenía que los astros sólo podían describir movimientos circulares y uniformes. Esta teoría  perduró trece siglos.

La revolución científica y la ciencia moderna

En el s. XV aparece la nueva concepción del Universo que perdura hasta el siglo XVIII, y que supone:

-          La desaparición definitiva de la interpretación aristotélica que diferenciaba entre el mundo sublunar (regido por leyes físico-naturales) y el mundo supralunar (simple y perfecto).

-          La sustitución de la idea de cosmos por la de universo, y del geocentrismo por el heliocentrismo.

-          Se ponen las bases firmes para el desarrollo posterior de lo que llamamos la Ciencia moderna que culminará en el s. XVIII con Isaac Newton.

Se parte de dos principios básicos:

a) El Universo es un conjunto mecánico sometido a leyes (mecanicismo).

b) El instrumento válido para el conocimiento del Universo son las matemáticas.

NICOLÁS COPÉRNICO (1473-1543).

Copérnico nació en Polonia en 1473 y falleció setenta años después. Sustituye el sistema de aristotélico-ptolemaico (geocentrismo), por un sistema heliocéntrico. Más teórico que práctico, aplica las matemáticas a la astronomía. Utiliza el principio de economía de Ockham como criterio básico para su concepción astronómica. La explicación del movimiento de los astros basada en la posición central de la Tierra era muy complicada. Al final de su vida publicó la obra “De Revolutionibus orbium coelestium” (Las trayectorias de las órbitas celestes). En ella expone su teoría heliocéntrica: los movimientos de los planetas en el cielo, aunque se pueden explicar con el sistema de Ptolomeo, se calculan más fácilmente suponiendo que el Sol está en el centro y la Tierra y los planetas giran a su alrededor en órbitas circulares. Junto a la admisión del movimiento de translación incluyo el movimiento de rotación

La llamada revolución copernicana fue origen de fuertes polémicas ya que en aquellos momentos no había pruebas definitivas para su teoría, se oponía a las ideas aristotélicas y a los textos sagrados y suponía la ruptura con la tradición que afirmaba que la Tierra era el centro del Universo.  Sus obras fueron incluidas en el Índice de libros prohibidos en 1616

JOHANNES KEPLER (1571-1630).

Kepler, un siglo después, admitiendo los planteamientos de Copérnico, gracias a sus estudios sobre Marte estableció las leyes que rigen el movimiento de los planetas. Kepler contemporáneo de Galileo utilizó el telescopio inventado por éste para sus observaciones de los planetas.

Enuncia sus dos primeras leyes en su obra "Astronomía nova", y la tercera, diez años después en "Harmonices mundi".

Las leyes de Kepler:

- la primera ley o ley de las órbitas establecía que los planetas recorren órbitas elípticas, estando situado el Sol en uno de sus focos. Con esta ley Kepler echaba por tierra el sistema aristotélico-ptolemaico: el carácter circular de las órbitas, la necesidad de epiciclos, deferentes y excéntricas; pero además establecía algo fundamental en Astronomía, que la elipse es el movimiento imperante en el mundo de los cuerpos celestes lo que suponía la caída de la circularidad como movimiento perfecto

- con la segunda ley, o ley de áreas, explicaba la diferencia de velocidades observable en el movimiento de traslación de los planetas, dicho de otro modo, cuánto más cerca está un planeta del Sol, gira a su alrededor a mayor velocidad.

- la tercera ley o ley de períodos suponía descubrir la relación armónica existente entre los planetas y que hay una ley que rige todo el orden celeste, que existe un Sistema solar, es decir, descubría la armonía del universo, al enlazar todos los planetas en un mismo sistema.

Kepler establece la imagen del mundo de la modernidad: un mecanismo de relojería, regido por leyes inmutables y extrínsecas a los cuerpos.

GALILEO GALILEI (1564-1642).

Galileo Galilei, nació en 1564 en Pisa y murió en 1642; estudió medicina en Pádua y allí se le manifestó un creciente interés por la observación directa de los fenómenos. A los 19 años descubrió la isocronía de las oscilaciones del péndulo; más tarde construyó un telescopio, con el que descubrió las manchas lunares y los satélites de Júpiter. Enseñó matemáticas en las universidades de Pisa y Padua y posteriormente fue nombrado por el duque de Toscana primer matemático y filósofo.

Culmina el proceso renacentista de la ciencia Moderna. La gran labor de Galileo es la aplicación de las matemáticas a los datos obtenidos por medio de la observación: método de investigación que Galileo llama resolutivo-compositivo, y que nosotros conocemos más bien como hipotético-deductivo.

El abandono de las tesis aristotélicas y la defensa del copernicanismo enfrentaron a Galileo con la Iglesia y motivaron su condena en 1632. Esta situación creó un ambiente que se mantuvo hasta bien entrado el s. XVIII, haciendo que las conclusiones que se iban obteniendo a través de la investigación científica, fueran presentadas muchas veces como meras hipótesis, o que los autores guardaran en el cajón aquellos manuscritos que pudieran ser problemáticos (caso de Descartes).

Durante los 18 años que Galileo permanece en Padua desarrolla dos investigaciones decisivas para la física moderna:

·         pone la base de los estudios sobre mecánica

·         inventa el telescopio y desarrolla exhaustivas investigaciones que le permiten apoyar la hipótesis copernicana con detalles experimentales que le permiten refutar las seguridades tradicionales de los partidarios de la cosmología aristotélica

La eficacia del método de Galileo se ve claramente en la mecánica. La mecánica es la parte de la física que se ocupa del movimiento de los cuerpos, así como de sus causas y efectos.

Galileo determina las ecuaciones de los movimientos, se ocupó de ofrecer una ecuación para cada tipo de movimiento, de manera que pudiera ser expresado en términos matemáticos. Así el movimiento uniforme es aquel en el que el móvil recorre espacios iguales en intervalos de tiempo iguales.

Asimismo, estudió el movimiento de caída libre de los cuerpos, lo cual constituye uno de sus más grandes logros.

Otro de los importantes logros de Galileo fue la representación, aunque implícitamente, de la ley de inercia. Evidentemente Galileo dejó sin resolver algunas dificultades que serían resueltas posteriormente por Newton.

1)      Estudios sobre la filosofía de la ciencia

La postura de Galileo frente a la ciencia vigente en sus tiempos es bien clara y concisa: dejar libre el camino de la investigación de toda literatura libresca, de todo ese mundo aristotélico. Propugna la observación detallada y la experimentación frente a la abstracción formal, metafísica, vacía de contenidos.

Galileo va a enfocar la ciencia de un modo totalmente nuevo, ya que no busca la cualidad, ni la esencia del objeto o fenómeno, sino las proporciones numéricas y matemáticas que pudieran existir. Así, Galileo nos indica que la naturaleza es un libro en el que hay que leer y este libro está escrito en lenguaje matemático.

Ante esta concepción revolucionaria de la ciencia, el tradicional método de abstracción formal metafísica pasa a ser inservible, y entonces Galileo propugna su nuevo método, el método experimental, que es el usado actualmente por la ciencia y que comprende dos etapas:

I.                    La primera, o resolutio, consiste en reducir intuitivamente un fenómeno observado a sus propiedades esenciales(movimiento, tiempo, etc) a partir de las cuales se podrá establecer una hipótesis

II.                 En segundo lugar, la compositio, se establecen una serie de experimentos sencillos que permiten comprobar las consecuencias teóricas, postulados o teoremas. Se trata de deducciones que han de ser demostradas.

Obras

·         El ensayador. Constituye la respuesta a ciertas explicaciones ofrecidas para intentar explicar la aparición de unos cometas en 1618.

·         Diálogo sobre los Sistemas del Universo. En esta obra Galileo enfrenta la concepción escolástica y la copernicana. Está escrita en forma de diálogo en el que se enfrentan tres personajes:

Simplicio que representa el aristotelismo inmovilista

Sagredo que es el personaje que introduce los elementos irónicos en la obra

Salviati que es el científico puro que deja sentadas las bases para que el lector pueda formular sus juicios

·         Carta a Cristina de Lorena . En esta obra se expone el tema de las relaciones entre ciencia y religión, y Galileo defiende la tesis de la imposibilidad de cualquier tipo de conflicto entre la verdadera ciencia y la correcta interpretación de la Biblia. El texto busca evitar la condena, por parte de la Iglesia Católica, del sistema copernicano, dado que esta condena pondría en peligro la libre investigación científica. Es un auténtico manifiesto en defensa de la autonomía de la ciencia que no podía estar condicionada por instancias que le eran ajenas. En definitiva, el autor trata de delimitar la frontera que separa el saber científico de la fe religiosa.

1. Consecuencias de las tesis de Galileo

Galileo no fue precisamente un hombre apartado del mundo, encerrado a solas con su propio pensamiento; al contrario, su vida fue la de un luchador intelectual, que intentó desechar prejuicios milenarios, lo que le llevó de forma inevitable a chocar con las instituciones, celosas defensoras de una tradición estereotipada y encerrada en sí misma. Fue fustigador implacable de esa pereza mental que se refugiaba en el saber dogmático de la tradición escolástica y no dudó en utilizar la ironía y el sarcasmo contra aquellos que él denominaba «filósofos tiberios», que, encerrados en su mundo de papel, recurrían exclusivamente al principio de autoridad y despreciaban o huían de las investigaciones directas en el «gran libro de la naturaleza".

Las teorías de Galileo chocaron con las creencias más firmes de sus contemporáneos, poniendo en entredicho toda una concepción del mundo, sobre la que se había levantado una buena parte del edificio del saber. Pero si ese edificio se desmoronaba, con él podían hundirse y quedar sepultadas por los escombros otras muchas cosas y creencias.

Ciertamente, los logros galileanos supusieron una auténtica revolución, que destruía los cimientos mismos de la cosmovisión aristotélica, imperante en la cultura de la época. No es nada sorprendente que una visión tan perturbadora y de imprevisibles consecuencias encontrara importantes resistencias en todos los ámbitos de la sociedad de la época.

Aristóteles, todavía en la época de Galileo, era considerado como guía a seguir por todas aquellos que se dedicaban a la investigación de la naturaleza. Pocos habían osado apartarse del camino llano y seguro de la filosofía peripatética. Pues bien, Galileo lo hizo. Provisto de su telescopio, y apoyándose en reveladoras experiencias y en precisos razonamientos matemáticos expondrá la nueva estructura del universo, que derruía la vieja concepción del mismo. Los peripatéticos de la época se lanzaron a la batalla convencidos de que a ellos les bastaba con Aristóteles. Galileo, que tenía una concepción de la ciencia radicalmente distinta, les hará la más dura de las acusaciones, la de no ser verdaderos hombres de ciencia, ya que se contentaban simplemente con un «ir tirando», sin atreverse a dar un paso fuera del recinto de Aristóteles, en tanto que la verdadera ciencia debe necesariamente avanzar.

El antiguo sistema se había hecho estático y, por tanto, dogmático y estéril. La esterilidad, pensaba Galileo, no puede tener cabida en la ciencia. Por eso es esencial a todo científico tener el espíritu abierto, y poseer la suficiente curiosidad para reconocer que son infinitas las cosas de la naturaleza que aún permanecen desconocidas para el entendimiento humano.

Esta actitud exige limpiar la mente de todo tipo de prejuicios que tratan de acomodar el mundo al gusto de cada cual y atenerse a la experiencia. Así ante la objeción que le hacían algunos aristotélicos de su época de que la Luna «no podía» poseer naturaleza montañosa porque ello la privaría de la forma esférica correspondiente como forma absolutamente perfecta a los cuerpos celestes, Galileo les responde que en ciencia cuenta la experiencia, no los prejuicios, y que es inútil ir imaginando las cosas tal como quisiéramos que fuesen. Las cosas son como son, sin que nosotros podamos ponerlas o quitarlas a nuestro antojo. El preferir las propias opiniones al margen de la realidad es justamente la actitud opuesta a la que debe mantener el científico y es precisamente la acusación que Galileo dirige a los peripatéticos

Sin embargo, en descargo de todos aquellos que se opusieron a Galileo, conviene decir que no era objetivamente fácil un cambio radical de la visión clásica del mundo. Hubo, sí, dogmatismo en unos y prejuicios de todo tipo en otros, pero también dificultades objetivas que impedían una aceptación fácil y sencilla de las «novedades» del filósofo florentino. En este sentido la presentación del «caso Galileo» como una confrontación entre la ciencia empírica y el dogmatismo ciego no recoge exactamente toda la complejidad del problema, no tiene en cuenta todos los factores en juego. Hoy lo expuesto por Galileo nos parece evidente y fácil de aceptar, pero en su época las cosas no eran en absoluto tan claras y obvias. El propio Galileo era plenamente consciente de ello, al mostrar su admiración por aquellos que, en contra del testimonio de los sentidos, habían adoptado el sistema heliocéntrico.

Efectivamente, la postura de Galileo significó un auténtico cambio de rumbo en la historia de la ciencia, que no podía ser fácilmente asimilable. La revolución científica del siglo XVII, protagonizada en gran medida por Galileo, supuso una profunda transformación intelectual. Precisamente al trastocar los hábitos de pensamiento de su época y al crear en su lugar nuevos hábitos de razonamiento que alejasen a los hombres de la fe ciega en la autoridad y en la tradición, para que pensasen por sí mismos, apoyándose en la experiencia y en las demostraciones necesarias, tuvo que enfrentarse a obstáculos de todo tipo, que habrían de conducirle finalmente a su procesamiento y posterior condena.

2. El enfado de filósofos y teólogos escolásticos. Defensa de la autonomía de la ciencia

¿Por qué se produjo la condena de Galileo? El choque final con la autoridad eclesiástica condujo al científico italiano a su procesamiento y condena. Sin embargo, el origen de ese desenlace desgraciado estuvo en el conflicto y ruptura total con la filosofía aristotélica, pero debido a la estrecha alianza existente en la época entre aristotelismo y cristianismo, el inicial conflicto con los filósofos escolásticos derivó hacia un conflicto con los teólogos.

Pero evidentemente se trataba de dos conflictos perfectamente diferenciados. El primero en comprenderlo y en exponerlo fue el propio Galileo, cuando en carta a Cristiana de Lorena afirmaba que estaban equivocados y cometían un gravísimo error aquellos filósofos que buscaban el apoyo de la autoridad bíblica en apoyo de sus tesis. Y se equivocaban doblemente:

-         su proceder no era científico al no apoyarse en argumentaciones ni demostraciones estrictamente astronómicas.

-         abusaban de la autoridad de las Sagradas Escrituras al pretender que, en las discusiones científicas, podía argumentarse a partir del texto bíblico.

Los conflictos con los filósofos aristotélicos comenzaron muy pronto y habían de prolongarse a lo largo de toda su vida. Sabemos que ya en el año 1597 Galileo profesaba en privado, como relata en carta a Kepler, el copernicanismo, pero no se atrevió por entonces a hacer pública su postura. Es probable que el miedo de Galileo se debiese al temor de poner en peligro su aceptable situación universitaria, ya que en aquella época se encontraba en la Universidad de Padua, donde gozaba de una considerable libertad de movimiento; pero además existía otra importante razón, y era que carecía por entonces de argumentos sólidos en favor del sistema copernicano.

Los primeros descubrimientos los dio a conocer en su Sidereus Nuncius que apareció el 12 de marzo de 1610 y que iba a suponerle entusiastas adhesiones y violentísimos ataques.

Cuando Kepler consiguió ver los satélites de Júpiter con un telescopio que el mismo Galileo había enviado al Elector de Colonia, exclamó con las últimas palabras pronunciadas por juliano el Apóstata: «Venciste Galileo».

Pero los ataques comenzaron también de inmediato, produciendo estupor y asombro en Galileo que no acertaba a comprender cómo una obra, que mostraba tan nuevos y maravillosos descubrimientos del cielo, pudiera atraer sobre sí tanta violencia y animosidad. Está fuera de toda duda que entre los aristotélicos de la época de Galileo abundaban los de una mentalidad dogmática.

Galileo buscaba convencer de la verdad de sus descubrimientos, pero poco podía hacer con aquellos que, sin tomarse siquiera la molestia de mirar a través del telescopio, negaron su validez por la sencilla razón de que las cosas que se veían contradecían las opiniones de Aristóteles. La verdad, opinaba el científico italiano, es la única guía que debe seguir el científico y, en consecuencia, el recurso al principio de autoridad como método de investigación carece de sentido. Pensar que para filosofar sea necesario apoyarse en la opinión de cualquier célebre autor, sólo puede lograr que nuestro entendimiento se convierta en siervo del entendimiento de otro hombre. Si una ciencia busca la verdad, debe conformarse con las condiciones impuestas por la naturaleza. Ante esta forma de ver las cosas, para nada servían los argumentos de autoridad.

Lo que realmente separaba a Galileo de sus adversarios peripatéticos no eran tanto los descubrimientos particulares y concretos, sino una nueva actitud ante la naturaleza, que se manifestaba en su concepción del método y de la demostración científica. La ciencia, para Galileo, no puede hacer sino avanzar y lo verdaderamente importante es el progreso de la misma y no el mantener la doctrina de algunos filósofos, lo que exige olvidarse de ese «falso respeto» que pone a los filósofos por encima de lo que dicen y fuera del alcance de la crítica. Aferrarse a toda costa a cualquier precepto de Aristóteles como si el apartarse de alguno constituyese un sacrilegio, además de ser una actitud impropia de un investigador científico, no hace más que degradar la imagen de Aristóteles, que no pudo ser como sus discípulos le imaginan.

Pero si abandonamos el sistema establecido, se preguntaban los aristotélicos, ¿qué guía tendremos? A lo que Galileo responderá que la única guía posible sólo puede venirnos de nuestros sentidos y de nuestra razón. El comprender, aunque sea un proceso lento y limitado, es el mayor don que la naturaleza ha hecho a los hombres. La naturaleza está delante de nosotros como un libro abierto, en cuya lectura obtendremos gran utilidad y gozo.

Sin embargo el enfado de los teólogos era mucho más peligroso que el de los filósofos, porque la acusación que le hicieron a Galileo a causa de su copernicanismo fue la de dañar gravemente a la fe al hacer falsas a las Sagradas Escrituras, dado que algunos pasajes bíblicos tomados literalmente se oponían a la teoría heliocéntrica. La acusación era gravísima y Galileo así lo entendió inmediatamente, viéndose obligado a hacer un alto en el camino en sus investigaciones científicas, para delimitar claramente las fronteras entre la ciencia y la fe, para salvar de esa forma la autonomía de la ciencia.

La batalla de fondo entre Galileo y los teólogos no se desarrollaba en tomo a la verdad o falsedad del sistema copernicano o ptolemaico, sino que versaba en torno a la fundamental cuestión de determinar quién podía legítimamente decidir acerca de la verdad, en lo referente a los asuntos de la naturaleza, si los científicos, a base de una rigurosa lectura del libro de la naturaleza, o los teólogos, a base de la interpretación de la Biblia.

Se trataba en definitiva de salvaguardar la libertad científica, defendiendo la existencia de un terreno propio y exclusivo, al margen de cualquier tipo de extrañas interferencias metafísicas o teológicas, para la libre discusión científica. El problema se planteaba por la existencia de determinados pasajes bíblicos que contradecían aparentemente las principales proposiciones del sistema copernicano.

¿A quién había que hacer caso? Y puesto que nadie ponía en duda la verdad del libro sagrado, ¿cómo debían de ser interpretados esos textos bíblicos? Si se hacía literalmente, entonces la condena del copernicanismo, en el caso de que éste se tomase como un sistema verdadero del universo, parecía inevitable; en caso contrario el conflicto se evitaba, pero parecía obligado proceder a una nueva interpretación de las Escrituras y el problema era delicado, pues por entonces los problemas de interpretación de la Biblia eran de suma importancia en el conflicto con los protestantes.

La discusión tuvo lugar entre los años 1612-1616 y la postura de Galileo fue muy clara y, sin duda alguna, atrevida para la época. Consistió en reivindicar para la ciencia el derecho a decidir en cuestiones físico - naturales, y en considerar como privado de todo fundamento el derecho que se atribuían los teólogos a poder determinar, negativamente al menos, la verdad desde la Biblia. La ciencia era para él un saber autónomo que no podía depender de los dictados de la teología. Lo mejor para todos era no mezclar en asuntos científicos al texto bíblico. En definitiva lo que tenían que hacer los teólogos era dejar en paz a los científicos. No opinaban así la mayoría de éstos que veían que el trono en que se sentaba «la reina de todas las ciencias» quedaba amenazado. Para defender la posibilidad de una discusión científica y sin trabas, Galileo se vio obligado a entrar en una discusión que él nunca deseó.

Finalmente, tras un oscuro proceso inquisitorial, el patricio Galileo, al cabo de su vida, pronuncia una abjuración pública y con ello, y a su pesar, renuncia a difundir la idea en que había empeñado tantos esfuerzos. Galileo abjura de propagar la teoría copernicana y es condenado a la reclusión y el silencio.

  
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