El sueño de educar
"Educar es lo mismo que poner un motor a una barca,hay que medir, pensar, equilibrar y poner todo en marcha...Soñar que ese navío, llevará nuestra carga de palabras hacia puertos distantes, hasta islas lejanas..."Gabriel Celaya
martes, 21 de abril de 2026
sábado, 21 de febrero de 2026
El hombre como animal cívico (zoon politikon)
Para Aristóteles no hay diferencia entre ética y política dada la condición social del ser humano. El ser humano es sociable por naturaleza y por tanto no existe una esfera privada y otra pública que se contrapongan. No hay conflicto entre ética y política. Si la ética tiene que ver con la condición teleológica de la acción, igualmente la política debe buscar el último de los fines, el fin supremo que es la felicidad, el Bien común.
La definición del ser humano como animal político estaba también en Platón y es una reacción ante el pensamiento de los Sofistas, lo cuales frente a la sociabilidad natural proponían que la sociedad es una convención fruto del acuerdo entre los hombres. Para Platón, Aristóteles y, posteriormente Rousseau (s. XVIII), el hombre es sociable por naturaleza. Sin embargo, para los filósofos empiristas como Hobbes (s. XVII) y los helenistas como los epicúreos y estoicos, el ser humano es ante todo individuo y la sociedad puede corromper su naturaleza. Por ejemplo Hobbes afirma que “el hombre es un lobo para el hombre”. A diferencia de Aristóteles, para Hobbes el Estado no debía contribuir a ningún fin más allá de la paz.
La sociabilidad, según Aristóteles, marca nuestra jerarquía en el universo, los dioses que son perfectos son autosuficientes, las bestias no son sociables. Entre los dioses y las bestias están los hombres dotados con la capacidad para el lenguaje que le hace posible vivir en sociedad. La sociabilidad se actualiza en tres formas naturales de asociación: la familia, la aldea y el estado (polis). La más perfecta de todas ellas seria aquella que contribuye al bien mayor, al mejor de los fines, y esa sería el Estado. El Estado (polis) tiene como fin asegurar la vida a los los ciudadanos haciendo posible que vivan digna y satisfactoriamente.
Nuestras condiciones de vida están determinadas por las leyes, y más concretamente por los regímenes políticos establecidos en la constitución de cada pueblo. Aristóteles intentó un derecho constitucional comparado. Este proyecto enciclopédico del Liceo reunió constituciones de ciudades de todo el mundo, con el objeto de escribir y redactar una constitución ideal para los atenienses. En su teoría política, Aristóteles no se preguntaba por el límite del poder político (esta temática es algo muy reciente en el Derecho y en la Filosofía Política), esta pregunta surge con la concepción moderna del Estado. Aristóteles, sin embargo, se planteaba otras dos cosas cómo se debe de distribuir el poder y para qué debe utilizarse el poder.
Relaciones fe-razón en Santo Tomás de Aquino
La relación fe y
razón
La
relación entre razón y fe era uno de los grandes problemas de la filosofía
medieval. La Filosofía Cristiana, por el lado que es filosofía, había de
edificarse con la razón, con el concepto y las argumentaciones racionales. Y
por lado que es cristiana tenía que contar con las verdades reveladas que se
apoyan en la fe.
En
el siglo XIII, la llegada del aristotelismo a Occidente y la teoría de la doble
verdad del averroísmo, hicieron más urgente establecer las bases de las
relaciones entre fe y razón, y fue Tomás quien lo llevó a cabo. Para el
pensamiento tomista, la razón es una herramienta valiosa que Dios nos ha
otorgado, y no debemos renunciar a ella ni considerarla un peligro para la fe.
Su postura en este tema se puede sintetizar en los siguientes puntos:
- Tomás distingue entre razón
y fe: la razón natural carece de iluminación divina y sólo puede conocer
“de abajo arriba”, a partir de la experiencia sensible; mientras que la fe
conoce de “arriba abajo”, por la revelación divina. Razón y fe son
autónomas: el objeto propio de la razón son las realidades sensibles y no
las realidades inmateriales.
- Tomás niega la existencia
de dos verdades: hay una sola verdad. Tanto la verdad adquirida por la
razón como la adquirida por
revelación tienen su origen en Dios. En el caso de que la razón
esté en contra de la verdad revelada, es la razón la que debe quedar en
entredicho. La verdad revelada tiene más autoridad, puesto que no cabe
error en la revelación. Por consiguiente, en este aspecto la filosofía
seguiría siendo un auxiliar útil a la teología, se trata de hacer de la fe
algo inteligible y demostrable en el mayor grado posible. La razón puede
mostrar que las verdades no demostrables de la fe no son contrarias a la
razón. Creer no es un acto de irracionalidad.
- Hay verdades teológicas que
sobrepasan a la razón natural. Son los artículos de fe o misterios (como
el de la Trinidad por ejemplo). Hay otras verdades teológicas que pueden
ser alcanzadas por la razón natural, como la existencia de Dios, que el
mundo es creado, que el alma es inmortal; verdades que algunos filósofos
han descubierto con su razón natural. Estas verdades forman los preámbulos
de la fe, es una especie de terreno “común” a la filosofía y a la
teología.
Fe y
razón mantienen una relación de colaboración sin olvidar que la filosofía es
servidora de la fe. La verdad es única, y la razón debe revisar sus premisas y
sus argumentaciones cuando llegue a conclusiones incompatibles con la verdad
revelada.
Los
caminos de la razón y la fe son distintos y los puntos de partida también pero
tienen que llegar a las mismas conclusiones: la verdad.
La
razón ofrece un método y la fe es el principal criterio de verdad. Las verdades
demostradas racionalmente no son dogmas, sino sólo una especie de introducción
a los dogmas.
jueves, 19 de febrero de 2026
La banalidad del mal por Hanna Arent
Con finalidad educativa. Licencia: Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España (CC BY-NC-SA 3.0 ES)