Para Aristóteles no hay diferencia entre ética y política dada la condición social del ser humano. El ser humano es sociable por naturaleza y por tanto no existe una esfera privada y otra pública que se contrapongan. No hay conflicto entre ética y política. Si la ética tiene que ver con la condición teleológica de la acción, igualmente la política debe buscar el último de los fines, el fin supremo que es la felicidad, el Bien común.
La definición del ser humano como animal político estaba también en Platón y es una reacción ante el pensamiento de los Sofistas, lo cuales frente a la sociabilidad natural proponían que la sociedad es una convención fruto del acuerdo entre los hombres. Para Platón, Aristóteles y, posteriormente Rousseau (s. XVIII), el hombre es sociable por naturaleza. Sin embargo, para los filósofos empiristas como Hobbes (s. XVII) y los helenistas como los epicúreos y estoicos, el ser humano es ante todo individuo y la sociedad puede corromper su naturaleza. Por ejemplo Hobbes afirma que “el hombre es un lobo para el hombre”. A diferencia de Aristóteles, para Hobbes el Estado no debía contribuir a ningún fin más allá de la paz.
La sociabilidad, según Aristóteles, marca nuestra jerarquía en el universo, los dioses que son perfectos son autosuficientes, las bestias no son sociables. Entre los dioses y las bestias están los hombres dotados con la capacidad para el lenguaje que le hace posible vivir en sociedad. La sociabilidad se actualiza en tres formas naturales de asociación: la familia, la aldea y el estado (polis). La más perfecta de todas ellas seria aquella que contribuye al bien mayor, al mejor de los fines, y esa sería el Estado. El Estado (polis) tiene como fin asegurar la vida a los los ciudadanos haciendo posible que vivan digna y satisfactoriamente.
Nuestras condiciones de vida están determinadas por las leyes, y más concretamente por los regímenes políticos establecidos en la constitución de cada pueblo. Aristóteles intentó un derecho constitucional comparado. Este proyecto enciclopédico del Liceo reunió constituciones de ciudades de todo el mundo, con el objeto de escribir y redactar una constitución ideal para los atenienses. En su teoría política, Aristóteles no se preguntaba por el límite del poder político (esta temática es algo muy reciente en el Derecho y en la Filosofía Política), esta pregunta surge con la concepción moderna del Estado. Aristóteles, sin embargo, se planteaba otras dos cosas cómo se debe de distribuir el poder y para qué debe utilizarse el poder.
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